domingo, 31 de enero de 2010

Reportaje: Pesca Artesanal en Chile


Pesca Artesanal en Chile:

El adiós de la merluza frita y el caldillo de congrio

Desde siempre, la extracción artesanal de peces, mariscos y algas, así como el varado, fondeo y reparación de embarcaciones, han sido actividades realizadas desde tiempos ancestrales. Una cultura asociada al mar que si bien asegura el consumo de productos marinos, conlleva también una importante fuente de empleos.


En nuestro país, la pesca artesanal está en crisis. El futuro esplendor que promete el mar que tranquilo baña los bordes costeros nacionales, aparece de pronto como una incógnita en el desarrollo del sector. ¿La culpa?; El modelo administrativo pesquero. El argumento emana desde la Confederación Nacional de Pescadores Artesanales de Chile (Conapach) quienes acusan que la actual regulación gubernamental, por un lado privatiza la pesca chilena y, por otra parte amenaza la subsistencia de la actividad artesanal y atenta contra los recursos marinos.

“Las políticas pesqueras responden a intereses que descuidan a grupos de productores más pequeños y me parece que es muy necesario abordarlo y dar soluciones”, denuncia el antropólogo Jorge Pereira, quien además es parte del equipo de esa organización.

Sin embargo, la institucionalidad no reconoce fallas en el modelo administrativo. Al contrario, aseguran que su instalación en la legislación chilena jamás ha tendido a potenciar la producción industrial en desmedro de la artesanal, sino que a reordenar la actividad y proteger el ecosistema.

Mito o realidad, lo cierto es los límites máximos de captura que comenzaron a regir a partir del año 2002 con la Ley 9713, establecieron que cerca del 80% de las cuotas de pesca correspondían a pescadores industriales autorizados, mientras que el 20% restante debía repartirse entre la actividad extractiva artesanal.

Y aunque ese fraccionamiento es relativo, si se toma en cuenta que éste tipo de pesca es la responsable de más del 80% del empleo en el sector, entonces los porcentajes no calzan. Si a eso se le suman las debilidades que se registran en políticas públicas y económicas con respecto a consideraciones que fomenten el desarrollo de la práctica, la pesca artesanal en el territorio nacional peligra de quedar sólo en la memoria colectiva de nuestra historia como país.

El arrastre

Otro de los puntos en juego es la pesca de arrastre. La sobreexplotación de recursos ha sido motivo de preocupación tanto para el aparato estatal, como para la industria pesquera y el sector artesanal. Conocido fue el colapso de locos, erizos o machas y, en el último tiempo, la crisis de la merluza en la Región de Valparaíso.

A ojos de Jorge Pereira, este impacto medioambiental generado por prácticas de pesca nocivas, también responde al resultado de irregularidades en el modelo de administración. “La pesca de arrastre se aplica bastante en muchas partes. Arrasan con todo lo que está abajo y después seleccionan. En el caso de la merluza, arrastran cerca del 98% de la fauna acompañante. Lo que se saca, generalmente se devuelve muerto porque se aprieta en la red y con la presión, estas especies se mueren. Los efectos son visibles, muy agudos y tienen implicancias sociales y culturales muy graves. No querer visualizar esto es no querer hacerse responsable, es algo que genera más daño”, agrega.

La Subsecretaría de Pesca lo reconoce como un problema grave, pero no la hace responsable de problemas ambientales. Más bien, el organismo hace hincapié en que se trata de una forma de extraer que se ocupa en diferentes partes del mundo y no existe una constatación técnica que evidencie una crisis en materia medioambiental que se relacione de manera directa con la pesca de arrastre.

Sin embrago, llama la atención el hecho de que la propia Subsecretaría fijara el año 2008 como plazo máximo para que diferentes comités técnicos y científicos involucrados en el tema, se pronuncien en materia de arrastre para adoptar medidas específicas.

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