Comentario de película: El niño con el pijama de rayas
Alonso Henríquez A.
Al afrontar el nazismo y
En 2006, una novela destinada al público juvenil inició su recorrido triunfal por todo el mundo aunando la inocencia y el afán humanizador de esas dos películas citadas. Se trataba de El niño con el pijama de rayas, del irlandés John Boyne, ganadora de numerosos premios y que ha vendido millones de ejemplares en todo el mundo.
Su versión fílmica, dirigida por el cineasta inglés Mark Herman, responsable de Tocando el viento y Little Voice, dos notables películas sociales con una agradable visión optimista de la vida.
La acción de esta fábula moral se inicia en el Berlín de 1942. Allí vive Bruno, un imaginativo e inocente niño de 9 años que desconoce totalmente la crueldad real del nazismo aunque su padre es un importante oficial del régimen. Su pacífica existencia da un giro cuando su padre es ascendido y destinado al campo, a una supuesta granja agrícola. El inquieto y curioso Bruno descubre pronto que, en realidad, la granja es un campo de prisioneros, al que él mismo se escapa en secreto. Con la alambrada de por medio, se hace amigo de Shmuel, un niño judío de su edad. Mientras tanto, la madre de Bruno también descubre que su marido no le ha dicho toda la verdad sobre ese siniestro lugar, del que emana un humo fétido.
Bien interpretada y dirigida, y en palabras de quienes leyeron el libro, la película recrea la novela con fidelidad y contundencia, de modo que ofrece un acercamiento emotivo a la espeluznante realidad de los campos de exterminio, muestra con ponderación el descubrimiento progresivo del horror nazi por parte de algunos alemanes y denuncia la trágica destrucción de la inocencia en toda una generación de niños. Sin embargo, pesa un poco el tono didáctico, esquemático y previsible del guión, problema posiblemente heredado de la novela, destinada al público juvenil. De modo que el filme de Herman carece de la entrañable humanidad de La vida es bella, o del vigor de La lista de Schindler.
Sin embargo, y atendiendo a los argumentos recién expuestos, lo notable de El niño con el pijama de rayas es el hecho de relatar un período tan horroroso de la historia de la humanidad, a partir de la visión de un niño que ingenuamente cree que un campo de concentración es una granja en cuyo interior conviven cientos de personas vestidas con pijama.
En resumen, una película triste que, ha diferencia de la vida es bella, imprime al espectador una profunda sensación de dolor e impotencia, que se ve reflejada en la dura moraleja que deja la muerte de Bruno y que puede ser leída como un mensaje contemporáneo (y tardío) que llame a la reflexión acerca de este episodio tan cruel e inhumano que ninguna película podrá jamás recrear.

No hay comentarios:
Publicar un comentario